Hubo una época en mi vida, en la que únicamente escuchaba flamenco. Y no hablo de días, hablo de años. Yo quería ser guitarrista flamenco. Esa época coincidió con mi llegada a Madrid. Un momento mágico, en el que mi walkman y yo nos paseábamos por todos lados descubriendo rincones. Y si hay alguien que me acompañó en esos días, fue Paco y su música. Escuchaba a otros guitarristas, pero Paco ... Paco era el cocktail molotov. Tenía todo lo que me volvía loco. Técnica, perfección, imperfección, fuerza, tranquilidad, crudeza, suavidad, misterio, transparencia .... Lo tenía todo para mi corazón. Lo llenaba absolutamente, sin dejar un mínimo hueco.
Me enganché a él cuando tenía 17 años, aún en mi pueblo. Recuerdo como escuchaba su música por la mañana mientras desayunaba antes de ir al instituto. Recuerdo como le pedí a mi padre dos días libres en verano para escaparme a Madrid y verle por primera vez. Fue con John McLaughlin y Al Di Meola. Paco entró sin compañía al escenario, tocando su eterna rondeña. Mis pelos no podían estirarse más ...
Le he visto tocando en directo 3 veces; en el 96, en 2004 y en 2010, y la sensación que tenía siempre al verle ahí arriba era la misma; la de estar viendo a una especie de mesías,.... a un profeta. Era atrapante, una apisonadora, más que mágico... era místico.
Y durante años se convirtió en mi escape, en mi oasis, en mi rincón.
Evidentemente luego vinieron otras etapas, y mi intención de ser guitarrista flamenco se transformó en otras inquietudes. Pero Paco siempre vino conmigo. Siempre.
Tuve la inmensa suerte de coincidir con él en el estudio de mi querido Bori hace poco más de un año. Me estrechó la mano y me dió un golpe en la espalda. Supongo que en ese momento nos despedimos sin saberlo.
Aún sigo desconcertado con la noticia, y me ha afectado más de lo que imaginaba, pero aunque él se haya ido físicamente, sigue aquí, pegado a mi pecho. Hasta el fin de mis días.
Me enganché a él cuando tenía 17 años, aún en mi pueblo. Recuerdo como escuchaba su música por la mañana mientras desayunaba antes de ir al instituto. Recuerdo como le pedí a mi padre dos días libres en verano para escaparme a Madrid y verle por primera vez. Fue con John McLaughlin y Al Di Meola. Paco entró sin compañía al escenario, tocando su eterna rondeña. Mis pelos no podían estirarse más ...
Le he visto tocando en directo 3 veces; en el 96, en 2004 y en 2010, y la sensación que tenía siempre al verle ahí arriba era la misma; la de estar viendo a una especie de mesías,.... a un profeta. Era atrapante, una apisonadora, más que mágico... era místico.
Y durante años se convirtió en mi escape, en mi oasis, en mi rincón.
Evidentemente luego vinieron otras etapas, y mi intención de ser guitarrista flamenco se transformó en otras inquietudes. Pero Paco siempre vino conmigo. Siempre.
Tuve la inmensa suerte de coincidir con él en el estudio de mi querido Bori hace poco más de un año. Me estrechó la mano y me dió un golpe en la espalda. Supongo que en ese momento nos despedimos sin saberlo.
Aún sigo desconcertado con la noticia, y me ha afectado más de lo que imaginaba, pero aunque él se haya ido físicamente, sigue aquí, pegado a mi pecho. Hasta el fin de mis días.